miércoles, 29 de agosto de 2012

Jueves erótico


Parte III



Cogí raudo lo primero que vi, mi pantalón, y me sumergí debajo de la cama, pudiendo apenas distinguir que me arrogaba a un lugar oscuro, sucio y estrecho. Ahí adentro, era un manojo de nervios, y me encontré tan asustado, que me preocupé de mi angustia, pero extrañamente me alegré de sentir una rara adrenalina, (quizá ahí empezó mi gusto por el vértigo y lo prohibido).

Debajo de la cama, uno se siente oculto o protegido. Falsamente oculto o protegido, porque no hay escondite más obvio que debajo de la cama. En un instante, mientras reflexionaba como había llegado a parar ahí, me di cuenta que todo resultaba absurdo,  pero, ¿Qué sería de la vida sin el absurdo?

Los pasos que se acercaban finalizaron con el sonido de una puerta abierta, así de golpe. Sonó una percusión que terminó de manera violenta, fuerte e inexorable. Se trataba del novio. La bella mujer, tan bella como astuta, corrió hacia la cama, se envolvió, y fingió dormir. El novio, tan enamorado como ingenuo, no vio nada fuera de lo normal y decidió partir.

Entonces, aún medio nervioso, pero con la adrenalina a flor de piel, salí de mi escondite y decidí concluir lo debido. Fue cuando, al internarme en las sabanas, al abrazarla y besarla, comprobé como mi ánimo se erectó al contacto de su piel, pero más aún, de lo “no permitido”. La culpabilidad se desvanecía mientras crecía mi morbo.

Mis ganas me llevaron a emprenderla, tan pronto como pude, me encontré balbuceando un coito. Estando yo arriba, había escalado la montaña del Everest y no estaba perdido, más bien, estoy en la plaza de mi casa, ¡mi propia plaza! y juego, y juego…

El motor caliente, rugía tan fuerte que podía ver mi auto correr a toda pista, entraba y salía de la carretera, volvía a entrar y salir de la carretera, y el estadio clamaba cada quiebre, cada vuelta, lo podía sentir, sentía su aliento, sus ánimos y los gritos de victoria.

Cambiamos posiciones, nos enredamos mil veces y el tiempo se ahogó, se esfumó, era como si por algún instante, el tiempo se exceptuó de medir al mundo, no existía medidas, ni cálculos, solo dos cuerpos que  mezclaban en uno. Un instante violento de lujuria, leones vivaces haciendo el amor.

Debajo de tuyo, el mundo se mueve frenético y zigzagueante, nunca vi al jinete moverse con tanta energía. El rojo del momento se volvía trémulo, y tu altivez vulnerable, ahora siento que emerge algo profundo, como si el placer vaya estallar.

Las voces carnales se volvían cada vez más naturales, resultaba imposible hablar, el gemido era la única válvula de desahogo, así lo sentíamos, y lanzamos onomatopeyas de placer. Algo profundo parece emerger, como si el placer vaya estallar.

El viaje al espacio supera a lo que entendemos como destino, más que un viaje es un instante. Las estrellas del espacio flotan en este deseo. Todo es tan natural ahora, tan liviano, y puedo sentir que mi placer estalló junto al tuyo. Está ocurriendo…

jueves, 23 de agosto de 2012

Fúnebres



Vamos a volar juntos, adentro. Interiorizados. Vamos a interiorizarnos lento mujer, vamos a profanándonos, vamos a escavarnos ahora mismo y vamos a enterrarnos en una misma tumba. Luego vamos a encender un mismo cigarro, nos enrojeceremos y a fumar nuestro comunismo.

Vamos a engreírnos juntos en este sepulcro, y que la oscuridad nos acompañe, porque la luz nos aterra tanto. Y devendrá el coito… hay que apurarnos, pronto seremos polvo, enormes gusanos me carcomen la planta de los pies, los veo entrar y salir…

Y nuestros cuerpos van a descender y caeremos en el cálido infierno, donde nos darán una cruel bienvenida, pero bienvenida al fin, y pernoctaremos sobre una eternidad, errantes. Mientras en el mundo, flores negras van a florecer, y estaremos tan felices de florecer juntos.